Santo Domingo.- La obsolescencia programada es un concepto que no lo conoce demasiada gente, a menos que estén sensibilizados sobre las consecuencias medioambientales del consumo irresponsable, la importancia del reciclaje y así deseen orientarse acerca de cómo practicar un consumo consciente y dar un destino apropiado a sus desechos conforme sus componentes deacuerdo a los preceptos recomendables en términos de reciclaje y medioambiente.

Se trata del fenómeno industrial de fabricar productos creados bajo el concepto de tener una vida útil limitada, probablemente también son soluciones económicas y que por consecuencia muchas personas comprarán por ser asequible e inmediata solución temporal.
En tales condiciones es atractivo al fabricante porque garantiza una inversión a la cual la demanda de mercado responde muy bien.
Sin embargo, la renovación constante de productos, sea por incluir innovaciones o motivada por la obsolescencia, tiene gran repercusión en la sociedad. No obstante, se ha creado una sello contra la obsolescencia programada. Todos los aparatos que lo llevan no tienen obsolescencia (caducidad de vida útil) y luchan en contra de ella. Aquí el sello:

Tipos de obsolescencia: por modas, de componentes eléctricos y electrónicos. Tomado de http://www.areatecnologia.com/obsolescencia-programada.html
¿Consecuencias? Esta fabricación a gran escala y sin control alguno –a cuya dinámica el mercado responde bien o medianamente bien– genera resultados no deseados: una acumulación de desechos en forma desmedida, con el agravante de que casi siempre se trata de productos fabricados con un alto porcentaje de material plástico y derivados para su elaboración, el material de más difícil reciclado, de mayor presencia en el planeta y el que no ofrece posibilidades de bio-degradación.

Todo esto, sin que se contemple ningún plan de separación de estos desechos ni mucho menos de reciclaje, plantea un panorama sombrío y propone una tarea pendiente y necesaria que deben impulsar los fabricantes –que son los que gozan del beneficio económico por la venta de tales productos– apoyados por una ciudadanía igualmente responsable que respalde y haga su parte en esta iniciativa respondiendo al llamado, sobre la base de una política educativa de incentivos.
Un modelo educativo aparejado de estímulos para todas las partes involucradas será la clave para lograr que una política fiscal o una tabla creciente de incentivos de índole similar atraigan la acción y despierten interés de la ciudadanía y del fabricante/comercializador.
Necesitamos una ciudadanía activa y empoderada, que asista a los festivales medioambientales de cine que crean conciencia sobre estos conceptos, personas atentas a lo que está pasando, sus consecuencias y lo mejor de todo, ciudadanos pro-activos que busquen saber ¿qué son esas cosas que sí podemos hacer cada ciudadano para compensar estos efectos?
¿Qué puedes hacer? Se aconseja:
•Ser multiplicadores de informaciones al respecto del tema en nuestras redes sociales y correos electrónicos.
•Aunque no hayamos asistido antes a los Festivales de Cine Medioambientales, busquemos en YouTube y en blogs. Encontrará documentales y material escrito de importante poder concienciador. Incluso encontrará documentales animados para público infantil de breve duración que podrán usarse en las aulas por los profesores y asociaciones de padres y amigos.
Experiencia personal. Recientemente hemos experimentado la fragilidad de muchos productos de consumo masivo que se quiebran con una rapidez olímpica en los primeros usos.

